Tú eres más que una imagen, princesa…

5 febrero 2009

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Lo que los adolescentes esperan escuchar

25 enero 2009

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A veces, intentar comunicarse con un adolescente en crisis es una de las tareas más difíciles.
Cinco mensajes que quieren oír ¿Los pronunciamos alguna vez?
¿De qué hablamos con nuestro hijo adolescente? Quizá, lo primero que se nos venga a la cabeza sean los gritos a causa de las notas o porque el fin de semana ha llegado más tarde de lo habitual a casa. A veces, intentar comunicarse con un adolescente en crisis es una de las tareas más difíciles.ejemplo de getimagesize()
Si nos descuidamos, nuestra relación puede reducirse peligrosamente a reconvenciones y críticas…
Y, sin embargo, nuestro hijo tiene unas necesidades especiales de comunicación: espera que tomemos la iniciativa.
A lo largo de las siguientes páginas describiremos en detalle los cinco mensajes que la mayoría de los adolescentes – nuestro hijo también – están deseando oír de nuestros labios. Sus necesidades especiales de comunicación requieren de nuestra parte una postura más activa.

ORGULLO
MENSAJE PRIMERO: “Estoy orgulloso de ti”.

Con esta frase tan simple, ayudamos a construir la autoestima de nuestro hijo. Es probable que se la digamos cuando consigue algún éxito, pero un adolescente la necesita especialmente cuando falla. Estamos orgullosos de él porque es nuestro hijo… y no hacen falta más motivos. Y, sin embargo, muchos adolescentes de hoy en día pueden no tener la suerte de escuchar este mensaje a menudo.
Deberíamos estar orgullosos de nuestro hijo y reconocerle por lo que es y por los esfuerzos sinceros que hace por mejorar, sin compararle con otros y sin establecer metas arbitrarias como sacar todo sobresaliente, por ejemplo. Sentirse orgulloso de un hijo no debería de los puntos anotados en un partido de baloncesto, por ejemplo, ni de las notas conseguidas.
Puede que resulte difícil estar orgulloso de un hijo cuando toma decisiones equivocadas o cuando falla. Sin embargo, nunca, nunca, debemos permitir que se esfume el cariño. Cuando falle, no diremos: “no llegarás nunca a ninguna parte”. Un simple descuido y cuatro o cinco palabras pueden llegar a herirle profundamente. En nuestro hijo adolescente hacen el efecto de: “estoy disgustado contigo como ser humano”.

AQUÍ ESTOY
MENSAJE SEGUNDO.
“Puedes acudir a mi para que te haga falta; siempre estaré aquí para escucharte”.

Un adolescente da mucha importancia a poder acudir a sus padres cuando existen problemas; aunque exista rebeldía, en los momentos difíciles necesita tener una seguridad: “mis padres están ahí”. Sin embargo, si no le prestamos atención cuando lo está pasando mal, le estaremos dando una buena razón para que se las apañe por sí solo y busque consejo y ayuda en otros lugares.
Hay que escucharles, sin querer hablar y pontificar continuamente. Así, dejamos claro a nuestro hijo que: “Eres importante para mi”, “me preocupo de las cosas en las que tú estás interesado”, “me gusta escuchar tus ideas y opiniones”. Escuchar con atención también estimula el deseo de hablar de los hijos. Se construye un ambiente de respeto y afecto mutuo. Lee el resto de esta entrada »


“LAS SEMILLAS DE LA VIOLENCIA”, Luis Rojas Marcos

1 diciembre 2008

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“Aprender a hablar cuesta muchos meses. Aprender a amar puede costar años. Ningún ser humano nace con impulsos hostiles o violentos, y nadie se vuelve hostil o violento sin tomarse el tiempo necesario para aprenderlo” (Ashley Montagu, Antropólogo).

“Todos los seres humanos nacemos con las simientes de la bondad, la racionalidad, la tolerancia, la compasión y la generosidad, pero todos también venimos al mundo con las semillas del disparate, del odio, de la xenofobia, la agresión y la crueldad… Un axioma básico sobre el desarrollo de la personalidad es que el amor engendra más amor y la violencia engendra más violencia”…

He leído -y releído innumerables veces- la 7ª edición de este libro (1996). Sus capítulos son: Abuso a la intimidad, amor y odio, la violación de la mujer, las raíces del crimen, crueldad sin sentido, matar legalmente por venganza, el enigma del suicidio, la fascinación por las atrocidades, el cultivo de la agresión, los antídotos de la violencia.

La edición actualmente a la venta contiene alguna modificación y, si no lo he visto mal, incluso algún capítulo nuevo. El que tengo en casa -a disposición de cualquiera que quiera leerlo- comienza diciendo: “A los hombres y mujeres que alimentan y acarician la voluntad de vivir y desafían sin rendirse el impulso de destruir. A todos aquellos que, a la hora de pagar el peaje de la vida, sustituyen la moneda del odio, de la envidia, del dominio y la venganza, por la razón, la tolerancia, la generosidad y la empatía”.

De empatía hablaremos otro día, pero, mientras, todo el mundo debería leer este libro.