Bulliyng: Deberían escolarizarse las emociones

avuelaplumaHace unos meses, o quizás un año ya, el periódico gratuito “AVUELAPLUMA“, me pidió que contestara a una sencilla entrevista sobre un tema candente: el BULLIYNG (maltrato entre iguales). He aquí mis respuestas por si a alguien le sirven:

“DEBERÍAN ESCOLARIZARSE LAS EMOCIONES”
¿Cuáles son las causas del acoso escolar?
Causas biológicas, familiares, sociales… que, en múltiples combinaciones, dan lugar a un déficit emocional y en habilidades sociales que está presente en todos los que protagonizan las situaciones de maltrato hacia sus compañeros.
Por poner un solo ejemplo: casi la mitad de quienes acosan a sus compañeros, aducen como razón “porque me provocaron”.

Todos estos chicos comparten el mismo error de percepción que les lleva a ver burlas donde no las hay, a imaginar que sus compañeros son más hostiles de lo que en realidad son, a tergiversar los actos más inocentes como si fueran auténticas amenazas y a responder de manera agresiva. Tienden también a ser un poco paranoicos, es decir, muchos comportamientos neutrales ellos los ven como hostiles porque protegen sobre todo su autoestima y, como a falta de otros “encantos” sociales han aprendido erróneamente que su autoestima depende de sus manifestaciones de fuerza y de la intensidad de su agresión, están muy pendientes de percibir cualquier estímulo como amenazante para manifestarse. Estos chicos perciben el ambiente de una manera mucho más hostil e insegura que otros que están seguros de sí mismos, bien socializados.
Por otro lado, la empatía -justamente el gran factor que inhibe la violencia- brilla en estos chicos por estar ausente. Todo el mundo nace con la capacidad de ser empático. En Psicología Evolutiva hay investigaciones que revelan cómo a los pocos meses de nacer los niños pueden llorar al escuchar llorar a otros. Con 18 meses los niños intentan ya consolar a los que sufren. Está claro que la empatía forma parte de nuestra estructura como seres humanos, pero hay que desarrollarla. La genética sin el contexto cultural poco puede hacer.
La empatía no sólo es la capacidad para sentir lo que otro siente, sino que es también la capacidad para leer los pensamientos y los sentimientos de otro. El bully realmente ve el mundo al revés. Estos chicos, como he apuntado, cuando están en un contexto determinado piensan “este chaval se está riendo de mí” y a lo mejor sólo siente miedo y sonríe para ocultarlo…
Una persona con deficiciencias en estas capacidades no es capaz de integrar a los otros dentro de sus valoraciones (esta es la base del desarrollo moral) y entonces no será capaz de pensar: “No, esto no lo puedo hacer aunque me apetezca y me guste, porque otras personas pueden sufrir con ello”. Una deficiencia de este tipo y una conducta tan agresiva en edades tan tempranas son claros predictores de un futuro problemático. No quiero decir con esto que todos los niños que participan en situaciones de acoso y maltrato hacia sus iguales estén condenados a caer en la delincuencia y la violencia, pero lo cierto es que son quienes más probabilidades tienen de llegar a cometer delitos violentos. No en vano, “nadie se vuelve violento sin haberse tomado tiempo para aprenderlo”.

Según un estudio, la tasa de acoso escolar en Extremadura alcanza el 20 por ciento, ¿cómo valora esta cifra?

En primer lugar, hay que tener muy claro a qué nos referimos cuando hablamos de BULLYING o AVE. El denominado “AVE” –Acoso y Violencia Escolar- incluye, por un lado, el denominado Acoso (visible) en el que a la violencia física (agresiones) se suman las amenazas y la intimidación como formas de intimidación física; y la llamada Violencia psicológica (invisible) que incluye violencia verbal (hostigamiento verbal y coacciones) y violencia social (exclusión social, bloqueo social y manipulación social).
Creo, además, que a la hora de valorar los resultados de estudios sobre este tema hay que tener en cuenta que los propios acosadores puntúan muy alto también en sentirse acosados. Por ello, no podemos obviar que los resultados incluyen en alguna proporción tanto la violencia que tiene lugar desde un grupo de acosadores hacia una víctima como la que se ejerce entre los primeros.
Hechas estas precisiones, es un hecho contrastado que, frente al 23,2% en que se sitúa la incidencia de violencia y acoso psicológico en España, Extremadura, junto con Castilla La Mancha, se sitúa algo más de tres puntos por debajo de la media (20%), sólo por delante de Canarias (19,1%) y Aragón (18,20%). Ahora bien, de este 20% que nos sitúa en una posición de cierta ventaja, el 5,60% sufre un AVE muy intenso. Sólo seis comunidades autónomas alcanzan cifras mayores. Hay que tener en cuenta, no obstante, que la Comunidad Valenciana, La Rioja y Baleares no han sido analizadas.
Ha surgido cierta polémica en torno al dato de que “uno de cada cuatro alumnos en España sufre acoso escolar”. Si en Extremadura es uno de cada cinco, claramente estamos en una posición ventajosa respecto al conjunto del país. Sin embargo, la primera garantía que debe ofrecer un centro escolar a un niño y a un adolescente es la de que no va a sufrir violencia ni acoso por parte de nadie. Por tanto, el hecho de que un solo chico sufra acoso y violencia por parte de sus iguales es ya un asunto lo suficientemente serio como para entretenerse en este baile de cifras. Y, en todo caso, según el estudio, en Extremadura lo padecen casi 30.000, una cifra nada desdeñable.
¿Cuál es la dimensión real de este problema en la región?
De los 140.528 alumnos escolarizados en Primaria, ESO y Bachillerato en nuestra Comunidad durante el curso pasado, 29.679  sufren o están sufriendo acoso y violencia escolar. Hay un dato que encuentro especialmente preocupante y es que la inmensa mayoría de estos chicos padecen Violencia Psicológica –verbal y social-, la que no se ve y, por tanto, la más difícil de detectar y en la que menos y más tarde se interviene.
Aunque los mecanismos con los que una persona se enfrenta a las situaciones traumáticas dependen de muchos factores (entre otros de la edad en que acontecen y de su duración en el tiempo), lo cierto es que en nuestra Comunidad casi 30.000 chicos están en un riesgo serio de sufrir o lo están haciendo ya (en muchos casos en silencio) problemas clínicos graves por haber sido o estar siendo objeto del maltrato por sus compañeros: depresión, autodesprecio, disminución de su autoestima, ansiedad, somatizaciones, autoimagen negativa, flashbacks (imágenes, sueños perturbadores, taquicardias, mareos y otras formas de revivir el acontecimiento traumático).
El estudio “Cisneros X” indica que el 54% de los chicos acosados desarrollan, además, un cuadro de Estrés Postraumático Infantil que, además de provocar dificultades de concentración y otras alteraciones implicadas en el aprendizaje, serias alteraciones del comportamiento y el padecimiento de diversos síntomas somáticos, no remite con el transcurso del tiempo, es decir, se pueden arrastrar hasta la edad adulta y afectar, por tanto, al desarrollo social, laboral, intelectual y emocional de quien lo padece. ¿15.000 chicos de nuestra región están en este riesgo? El asunto no es un juego de niños, aunque alguna vez  irresponsablemente todos hayamos triviliazado el asunto denominado así a algún hecho que sobrepasaba ya sus inocentes reglas.
Echo de menos en el estudio un análisis de las consecuencias que el AVE tiene sobre los “testigos” de estas situaciones. Hay un estudio del Defensor del Pueblo que sí contempla a los “espectadores”. Desde mi punto de vista, las consecuencias psicológicas que tiene esta posición (miedo, pasividad, indefensión aprendida, etc.) también deben ser tenidas en cuenta.

¿Hay una sensación de peligro en las aulas?
En general, yo creo que no. No sería bueno dejar de lado el hecho de que casi un 80% de nuestros alumnos no sólo no sufre ninguna forma de maltrato ni acoso, ni tampoco la constatación de que en un 19% de los casos son los propios compañeros los que detienen las conductas de maltrato. Afortunadamente la inmensa mayoría de los chicos tiene un desarrollo social, afectivo y moral adecuados y, aunque sea cierto que la violencia invisible adopta modos y formas muy sutiles, sinceramente no creo que haya un solo aula en Extremadura en el que un alumno tenga la sensación de estar en un campo de batalla.
¿Cómo se combaten los casos de acoso escolar en un centro?
La primera ayuda que debemos prestar a nuestros alumnos es la de proporcionarles un marco de convivencia diaria socialmente saludable y estimulante de afecto y actitudes democráticas y positivas. Existen, además, otras medidas preventivas más explícitas que se recogen en los planes de acción tutorial de los centros y se trabajan en las horas de tutoría grupal. Cuando estas acciones no son suficientes deben completarse con un trabajo de intervención directa dirigido a paliar el desarrollo social y moral deficitario que presenta el alumnado implicado. Los centros no deben perder de vista que tanto las víctimas como los agresores necesitan ayuda y en unos y en otros deben llevarse a cabo programas especiales que les ayuden a recuperar parte de sus habilidades sociales perdidas (en el caso de las víctimas) o a modificar sus tendencias antisociales (en el caso de los agresores).
¿Qué se debe hacer como padre o madre de un alumno que sufre acoso escolar?
Lo primero que deben hacer los padres, si sospechan o tienen indicios de que su hijo está siendo objeto de algún tipo de maltrato, es acudir al centro y ponerse en contacto con el tutor, la Jefatura de Estudios, el Director o, en su caso, el Departamento de Orientación e informarles de sus inquietudes. Es importante que confíen en que el Centro abordará el problema, pero aún así deben solicitar que se les tenga al corriente de los pasos que se están dando e informar de cualquier cambio que ellos aprecien en la situación o en su hijo. Es conveniente también que se mantengan reuniones periódicas con el centro para acordar acciones conjuntas. Esta es la dinámica habitual. Sin embargo, si se observa que las acciones emprendidas no consiguen que cesen las agresiones o si se produce un rebrote de la misma, deben comunicarlo al centro y manifestar la intención de solicitar la intervención de otras instancias. Por último, si se considera que la intervención del centro escolar no es adecuada al nivel de riesgo, pueden ponerse en contacto con el Servicio de Inspección Educativa y si la agresión ha sido muy grave o existe un riesgo elevado para el chico debe denunciarse a la policía o a los servicios jurídicos de menores.
¿Y los niños, saben cómo actuar ante estos abusos?

Seguramente saben que deben explicar los abusos que sufren e identificar a los agresores, lo que ocurre es que, por miedo o por vergüenza, no suelen hacerlo hasta que la situación se vuelve insostenible. Hay que insistir en la importancia de hablar con alguien (un profesor en quién confíes especialmente, un compañero de clase, un amigo, tus padres…) que nos pueda comprender y ayudar.

¿Cuáles son las causas del acoso escolar?
Causas biológicas, familiares, sociales… que, en múltiples combinaciones, dan lugar a un déficit emocional y en habilidades sociales que está presente en todos los que protagonizan las situaciones de maltrato hacia sus compañeros.
Por poner un solo ejemplo: casi la mitad de quienes acosan a sus compañeros, aducen como razón “porque me provocaron”.
Todos estos chicos comparten el mismo error de percepción que les lleva a ver burlas donde no las hay, a imaginar que sus compañeros son más hostiles de lo que en realidad son, a tergiversar los actos más inocentes como si fueran auténticas amenazas y a responder de manera agresiva. Tienden también a ser un poco paranoicos, es decir, muchos comportamientos neutrales ellos los ven como hostiles porque protegen sobre todo su autoestima y, como a falta de otros “encantos” sociales han aprendido erróneamente que su autoestima depende de sus manifestaciones de fuerza y de la intensidad de su agresión, están muy pendientes de percibir cualquier estímulo como amenazante para manifestarse. Estos chicos perciben el ambiente de una manera mucho más hostil e insegura que otros que están seguros de sí mismos, bien socializados.
Por otro lado, la empatía -justamente el gran factor que inhibe la violencia- brilla en estos chicos por estar ausente. Todo el mundo nace con la capacidad de ser empático. En Psicología Evolutiva hay investigaciones que revelan cómo a los pocos meses de nacer los niños pueden llorar al escuchar llorar a otros. Con 18 meses los niños intentan ya consolar a los que sufren. Está claro que la empatía forma parte de nuestra estructura como seres humanos, pero hay que desarrollarla. La genética sin el contexto cultural poco puede hacer.
La empatía no sólo es la capacidad para sentir lo que otro siente, sino que es también la capacidad para leer los pensamientos y los sentimientos de otro. El bully realmente ve el mundo al revés. Estos chicos, como he apuntado, cuando están en un contexto determinado piensan “este chaval se está riendo de mí” y a lo mejor sólo siente miedo y sonríe para ocultarlo…
Una persona con deficiciencias en estas capacidades no es capaz de integrar a los otros dentro de sus valoraciones (esta es la base del desarrollo moral) y entonces no será capaz de pensar: “No, esto no lo puedo hacer aunque me apetezca y me guste, porque otras personas pueden sufrir con ello”. Una deficiencia de este tipo y una conducta tan agresiva en edades tan tempranas son claros predictores de un futuro problemático. No quiero decir con esto que todos los niños que participan en situaciones de acoso y maltrato hacia sus iguales estén condenados a caer en la delincuencia y la violencia, pero lo cierto es que son quienes más probabilidades tienen de llegar a cometer delitos violentos. No en vano, “nadie se vuelve violento sin haberse tomado tiempo para aprenderlo”.
¿Son necesarias más iniciativas del tipo ‘Si te molestan, no calles’, que ha iniciado la Consejería de Educación de la Junta de Extremadura?
Las causas que subyacen al fenómeno del Acoso y la Violencia Escolar son tan complejas que no existe un único modo de intervención. Campañas del tipo “Si te molestan, no calles” se centran fundamentalmente en prevenir mediante la información y esto es sólo una parte de la prevención. Son necesarios programas más globales que incluyan entrenamiento en habilidades emocionales y sociales. Entre estas habilidades emocionales se incluyen la conciencia de uno mismo, la capacidad para identificar, expresar y controlar los sentimientos, la capacidad de controlar los impulsos, la capacidad de manejar las sensaciones de ansiedad y tensión… Muchas de estas habilidades son claramente interpersonales: la capacidad para interpretar adecuadamente los signos sociales que nos muestran los demás, la de escuchar, la de resistirse a las influencias negativas, la de tener en cuenta el punto de vista de los otros… Estos programas enseñan a los chicos (no sólo a aquellos que se muestran más proclives a la violencia) a resolver de un modo más positivo los conflictos interpersonales, a tener más confianza en sí mismos, a sentir que cuentan con la red de apoyo de los profesores y las familias y a denunciar si algo llegara a sucederles. En mi opinión, igual que se ha escolarizado la ciudadanía, deberían escolarizarse las emociones.
¿El bullying comienza en el instituto o también hay casos en los colegios?
El estudio “Cisneros X” revela que los índices más elevados de AVE se dan –por este orden- en 3º, 2º y 4º de Primaria (en torno al 40%), mientras en 4º de ESO y 1º de Bachillerato los porcentajes se reducen hasta el 10% aproximadamente. Los niños de siete y ocho años tienen, por tanto, cuatro veces más riesgo de sufrir acoso y violencia escolar que los alumnos de Bachillerato. Con la edad, sin embargo, se incrementa el porcentaje de acosadores frecuentes y también el número de chicos que se acostumbra a la violencia y llega a percibirla como algo trivial.
Los estudios muestran –no sólo en España, también en el resto de Europa donde los casos de bullying oscilan entre el 10 y el 15%- un aumento considerable de este fenómeno, además en edades muy tempranas.
¿Hace cuánto se ha comenzado a percibir estos abusos como un problema?
El estudio de la violencia entre iguales surgió en Noruega en torno a 1973 con un estudio que hizo que el Ministerio de Educación noruego implantara una campaña de reflexión y prevención de estos hechos. En España, sin embargo, el primer estudio estatal no fue realizado hasta 1999 y no tuvo gran repercusión salvo en entornos especializados. Sin duda, los numerosos casos que tuvieron lugar en EEUU y, sobre todo, el suicidio en Euskadi de Jokin Cebeiro en 2004, dieron lugar a una reflexión colectiva que, afortunadamente, aún no ha cesado.

Montaña Royo García.
Orientadora del IES Norba Caesarina.
Cáceres.

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