LOS HIJOS DEL DIVORCIO

LA FÁBULA DEL HOMBRE, LA SERPIENTE Y LA RANA
“Un pescador dominguero estaba mirando por la borda de su barca, y vio una serpiente que llevaba una rana entre los dientes. Al pescador le dio pena la rana y alargó la mano, libró a la rana de las mandíbulas de la serpiente sin hacerle daño a esta, y la dejó en libertad. Pero entonces le dio lástima la serpiente, que también tendría hambre, y como no llevaba nada de comer, sacó una botella de aguardiente y derramó unas gotas en la boca de la serpiente. Esta se largó muy satisfecha, la rana también estaba contenta y el hombre quedó muy satisfecho de sus buenas acciones. Pero al rato, cuando más tranquilo estaba, oyó golpes en el costado de su barca y se asomó otra vez a mirar, y cual no sería su asombro al ver que era la misma serpiente… con dos ranas entre los dientes”.

En la vida del hombre, lo primero y fundamental desde el punto de vista psicológico es disponer de un lazo afectivo inicial con las personas más próximas. Para que el niño o el adolescente adquiera un buen grado de vinculación y se sienta más seguro, es preciso que se perciba como miembro importante de las instituciones (considerando como la primera a la familia) de las que forma parte. Saber que pertenece a algo o alguien, que se preocupan de él y le cuidan, le proporciona gran satisfacción y seguridad y contribuye de manera directa a construir y elevar esa autoestima que jugará un papel importante y decisivo a lo largo de toda su vida.
Los estresores que acontecen en una familia afectan al estado emocional de sus miembros. La familia constituye el ambiente social más íntimo, cuando las cosas van bien y también cuando van mal, ésta se convierte en el principal centro de apoyo social. Un ejemplo claro de estresores es las dificultades matrimoniales y, como colofón, la separación o el divorcio (…)

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